lunes, 13 de agosto de 2012

Londres ¿la nueva Barcelona del deporte español?

Fotografía: Marina Alabau, oro en vela clase RS:X
De Londres 2012 habrá tantos balances cuantos enfoques se pretendan. Si hablamos de España los políticos cantarán un gran resultado. Y se harán algunas fotos. Los más sensatos hablarán de buen rendimiento, en la línea de lo esperado. Las diecisiete medallas logradas por los deportistas nacionales mantienen el nivel global ofrecido en Pekín 2008, donde se lograron 18. Pero si por algo debemos recordar intramuros esta edición de los Juegos Olímpicos es por el símbolo de una fotografía once veces repetida: una mujer sonriente en el podio.

A plazo futuro Londres puede suponer al deporte femenino lo que Barcelona 1992 supuso al deporte español general; su puesta en valor. Once medallas, y otras tantas a las puertas, para demostrar el nivel competitivo de la versión menos publicitada y menos sufragada del deporte. Ahora, con la sociedad receptiva al deporte femenino es momento de avanzar. De vender a la futura cantera los valores, la imagen de unas luchadoras convertidas en medallistas olímpicas. Y a corto plazo, de decidirse a rescatar a tantos equipos y competiciones que se ahogan por inanición. Lo que le sucede a los laureados Itxako de balonmano o Ros Casares de baloncesto es sólo la parte visible del día a día. Si para Barcelona nació el programa ADO, de Londres 2012 puede devenir la apuesta institucional por las mujeres deportistas. En época de crisis toca racionalizar aún más los recursos. Ellas han demostrado que merecen ser tenidas en cuenta.

El análisis global de resultados tampoco debe obviar los diplomas, los verdaderos diagnosticadores del nivel deportivo. Si en Pekín hubo 36, ahora han sido 30, de muy diversas disciplinas, la mejor noticia. 47 veces entre los ocho primeros es un buen balance (no excelente). El deporte español no está en crisis, aunque sí tocado y donde más duele, en la base. Para llegar en condiciones a Río de Janeiro 2016 y -soñemos- Madrid 2020, deben cuidarse las generaciones futuras con más acierto que hasta ahora.

De la capital británica España se trae alegrías de múltiples orígenes, aunque con la base del agua. Absolutamente brillante el trabajo desarrollado por la selección de piragüismo en sus dos modalidades: aguas bravas y aguas tranquilas. Ocho deportistas: tres metales (David Cal, a la cabeza del pálmares olímpico del deporte español, Saúl Craviotto y Maialen Chourraut) y cinco diplomas. Pleno de rendimiento. Pletórica la actuación de Mireia Belmonte. La nadadora catalana ha sido la única doble medallista individual. Dos podios y un diploma en un ambicioso programa de seis pruebas. Fue valiente y acertó -imagino las críticas de no haber logrado presea-. Otro doblete para el siempre creciente equipo de natación sincronizada. Éxito nacional del triatlón, con la plata de Javier Gómez Noya y una gran participación de Ainhoa Murúa, séptima. Y un milagro venido del waterpolo femenino: subcampeonas en su debut olímpico y con el leve respaldo que da contar con apenas 570 fichas federativas.

En vela se cumplieron sólo algunos pronósticos. Marina Alabau respondió con contundencia a su rango de favorita. Oro. Como el que se llevó una de nuestras sorpresas en la categoría Elliott 6 metros. En esta disciplina de enfrentamientos directos entre embarcaciones, el equipo español de Echegoyen, Pumariega y Toro sorprendió al mundo. Esta vez no pudimos ver el éxito de Iker Martínez-Xabi Fernández o Rafa Trujillo, incluídos en la previa como aspirantes a todo. ¿Fracaso? En absoluto. Ganar no es tan sencillo como quieren creer algunas mentes preclaras. Sí preocupa que las dos disciplinas con ganadoras españolas no serán, a priori, olímpicas en Río de Janeiro.

Fotografía: Joel González, oro en taekwondo / alondres2012.com
Los deportes de contacto dejan una extraña dupla de sensaciones. Inmejorable el taekwondo, con tres medallas de tres participantes (Joel González, Brigitte Yagüe y Nicolás García). Efectividad total, como en lucha, con el bronce de Maider Unda. Dos de esos deportes sin hueco mediático que impactaron en la audiencia. Decepción en el judo. Sugoi Uriarte, magnífico, rozó el podio. El resto quedó lejos. En boxeo nuestros dos púgiles cayeron a la primera. Muy difícil hacer una diagnosis global en deportes basados en enfrentamientos directos. Un cruce complicado, un despiste y adiós a los Juegos. Importante, frente a este desencanto, mantener activos los centros de formación.

Entre los equipos, uno de los ejes nacionales, también disparidad. Por delante el histórico bronce del balonmano femenino. Más mediática y menos sorprendente resultó la plata del baloncesto. Quizá el último premio mayor para nuestra mejor generación de la historia. Un torneo errático, con un episodio extraño ante Brasil, hasta llegar a la buscada final con Estados Unidos. Cerca, muy cerca de ganar a la mejor selección del mundo. No llegaron tan lejos otras disciplinas masculinas, y no por falta de mérito: el balonmano cayó en cuartos contra Francia con un gol a segundos del final. Otro gol, este no marcado, dejó al hockey masculino sin semifinales. Reaccionó con pundonor un equipo tocado por las lesiones y la torpeza mediática de Álex Fábregas. Otro deportista, este grande, dijo adiós tras años de historia: Iván Pérez. No tuvo el homenaje deseado, el waterpolo perdió en cuartos ante una superior Montenegro. El fútbol falló. Faltaron goles, sobró prepotencia.

El ciclismo, como siempre, una lotería. En las tres modalidades con representación (pista, ruta y montaña) estuvimos presentes y cerca del éxito. Del oro al décimo hay poca distancia. Caso aplicable al tenis. Con la baja de Rafa Nadal se redujeron muchas opciones de optar a un metal en Londres, cuya superficie, la hierba, no nos era propicia. La inhabitual pareja de dobles David Ferrer-Feliciano López tuvo a un punto el pase a la final. Cayeron. Tocados de ánimo, se les fue el bronce al día siguiente. Bien Nicolás Almagro en uno de sus torneos más serios. Cuartofinalista, no pudo apenas luchar contra el ídolo local Andy Murray por una lesión en el hombro. Su fe por acabar un partido perdido le dignifica más.

En gimnasia destacar el conjunto de rítmica tras un sensacional trabajo. Cuarto puesto que sabe a premio mayor por lo que supone. En artística, pasados los años del casi mito Gervasio Deferr, costará encontrar similar rendimiento. En la búsqueda de un futuro dorado, el diploma de Isaac Botella en salto es una esperanza. Futuro, también en halterofilia. Dos competidores, dos diplomas con records de España: Lidia Valentín y Andrés Mata. La primera sigue consolidándose como una destacada deportista; el segundo ha sorprendido a los ajenos al levantamiento.

Fotografía: El bronce de España en balonmano, un momento histórico / juegos-olimpicos.com
Con tres diplomas se marcha el equipo de tiro olímpico. Tres disparos al filo de la medalla. Buen trabajo. Tampoco hubo medallas, pero sí detalles ilusionantes en disciplinas tan extrañas al espectador medio como el bádminton o el tenis de mesa. Entre los primeros, Pablo Abián y Carolina Martín trajeron a España sus primeras victorias. Hasta en tenis de mesa hubo logros. Ganar un set y casi un partido a la infranqueable muralla china, en su territorio, ya es meritorio. De aquí hacia adelante. Equitación y tiro con arco también tuvieron representación española. Más allá de los puestos, buenas sensaciones en dos modalidades tan complejas. Las dos parejas de voley-playa realizaron una digna competición. Sólo un partido inferior de ambos, en cruces, les apartó de las medallas. Esto son los Juegos.

No fue buena, en cambio, la participación en atletismo. Apenas cuatro plazas de finalistas para toda la representación. Este deporte atraviesa un momento difícil, con una clara inferioridad frente a otros países y en un cambio generacional aún no del todo fecundo. España se marcha otra vez a cero. No cabe objeción a quienes compitieron, hicieron buenas marcas (muchos se superaron) y fueron vencidos. En verdad, otros no cumplieron. El atletismo necesita reactivarse. El apoltronado presidente José María Odriozola no se da por enterado.

Y mi predilección: el periodismo. Sencillamente, un lujo poder disfrutar y redescubrir a tantos buenos periodistas deportivos. Con la libertad de guión e información en estos días, muchos mostraron su verdadero talento. Muy bueno el trabajo ofrecido por Televisión Española, con una planificación ambiciosa y de difícil puesta en práctica. Hubo fallos, algún error en la selección de emisiones, pero en resumen, brillante labor. Destacar, como siempre a Ernest Riveras, Paloma del Río, Julia Luna, Marta Solano, cada uno en su papel. Narrando deportes o conduciendo la programación. A otros menos conocidos quizá, Amat Carceller, Francisco José Caro, Ángel Cárceles, los especialistas Javier Soriano en natación, Almudena Cid en gimnasia o Alberto Urdiales en balonmano. Muy buena la información circulada en twitter a través de tantos perfiles informativos. Ejemplos donde mirarse en el deseo de vivir "in situ" alguna próxima ocasión.

Se cierra la fiesta del deporte con un lamento: despedir a los deportes minoritarios hasta 2016. Es este un comentario con el que no coincido, por lo que de conformista tiene. Aceptar la renuncia a a disciplinas que van a seguir activas esta Olimpiada hasta Río de Janeiro. Quizá los medios generalistas ya no hablen de waterpolo, voleyplaya o tiro, pero ellos siguen y quien quiera, puede mantener vivos estos deportes. Quejarse en lícito, activarse es mejor. No toda la culpa de los medios. Y si queremos que el fútbol no lo fagocite todo, lo primero es demandar otra información. O, llegado el caso, ofrecer otra información.

No se acaban los Juegos: llegan los Paralímpicos el 29 de agosto. También son los Juegos. La llama, apagada ayer, aún sigue viva y estos atletas lo van a demostrar en breve. Suerte a todos.

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